Soldado Cayo Valerio Catulo

( Verona, 84 a.c - 54 a.c)

 

 

 

 

Declara que:

“Pobre Catulo, deja de hacer locuras, y da por perdido lo que ves que se perdió. En otro tiempo brillaron para ti soles resplandecientes, cuando corrías adonde te llevaba una niña amada por mí como no lo será ninguna. Entonces eran aquellos innumerables goces que tú querías y la amada no rehusaba: verdaderamente en otro tiempo brillaron para ti resplandecientes soles. Ahora ella ya no quiere; tú insensato no lo quieras tampoco, y no persigas lo que huye, ni entristezcas tu vida, sino obstinadamente resiste y no cedas. Adiós, niña; Catulo no cede, y no te buscará ni solicitará contra tus deseos. Pero tú te quejarás cuando nada se te pida. ¡Ay de ti, miserable! ¡Qué vida te espera! ¿Quién se acercará ahora a ti? ¿Quién te encontrará hermosa? ¿A quién amarás ahora? ¿De quién dirás que eres? ¿A quién besarás? ¿A quién morderás los labios? Pero tú Catulo, tente firme y no cedas.”